No hacían más que repetirme que me olvidara de ti, que sólo ibas a hacerme daño. Aun así yo me arriesgué, me dejé la piel luchando por ti, me caí, me estrellé, me hice daño. Y cuando menos me lo esperaba, cuando ya no me quedaban fuerzas para seguir, me tendiste la mano, y me ayudaste a levantarme. Yo había confiado en que tú ibas a volver, tarde o temprano, en que ibas a reaccionar, en que ibas a darte cuenta de que eso que tuvimos nunca debió acabar. Y no hice caso a nadie, solamente seguí luchando. Y ahora mejor que nunca sé que el que lucha, gana.